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¡En sus zapatos! ¿Cómo potenciar la empatía desde casa?

Cuando utilizamos la expresión "ponerse en los zapatos del otro" nos referimos a la habilidad de empatizar con las personas que nos rodean. La empatía, según Goleman es uno de los elementos fundamentales que conforman la inteligencia emocional y define la capacidad que tenemos los seres humanos para ponernos en la piel de otras personas, comprender cómo se sienten y piensan en determinadas situaciones, sin ser necesario pasar o haber pasado por la misma experiencia de vida y comprendiendo que existen diversos puntos de vista y creencias en la percepción de una misma situación.

Entre los beneficios que supone el desarrollo de la empatía encontramos que ésta contribuye a construir relaciones sociales sanas y positivas, los niños/as comprenden mejor sus emociones y las emociones que sienten los demás, ayuda a entender las diversas situaciones a las que se enfrentan, mejora el afrontamiento y manejo de los conflictos, promueve la conducta prosocial y disminuye la agresividad.

Martin Hoffman (2000), explica el desarrollo de la empatía según el momento evolutivo de los niños/as atendiendo a las siguientes etapas:

  1. Empatía Global. Durante el primer año de vida, en los niños/as no existe una percepción de los demás como distintos a sí mismos y confunden los sentimientos de los demás con los suyos propios. Si un niño/a llora en la escuela infantil hay un contagio emocional y los otros lloran también.
  2. Empatía egocéntrica. Se corresponde con el segundo año de vida. El niño/a reconoce que es otra persona quien está pasando por una situación desagradable, pero sigue creyendo que comparten las mismas emociones, por ello cuando un niño/a ve a otro llorar imita su conducta.
  3. Empatía hacia los sentimientos de los demás. Aproximadamente desde los 2-3 años hasta los 6 años. El niño/a entiende que sus sentimientos son diferentes a los demás, responde de forma menos egocéntrica y es capaz de comprender mejor su propio dolor. Pueden comenzar a tener conductas de apoyo hacia el otro, como por ejemplo ofrecer su juguete a quien está llorando. En esta etapa comienza a ponerse nombre a las distintas emociones (alegría, tristeza…)
  4. Empatía cognoscitiva o empatía hacia la condición de vida del otro: desde el final de la niñez en adelante. El niño/a comprende que las emociones y sentimientos forman parte de la vida de la otra persona. Se va desarrollando la capacidad empatizar con las diversas condiciones de vida, de una cultura, una clase o un grupo de individuos y de actuar conforme a las necesidades del otro.

Por tanto, la empatía, aunque es una habilidad que todo ser humano puede desarrollar, no todos/as lo harán del mismo modo ni en el mismo grado dado que las características de cada individuo son diferentes y cada desarrollo va a ser único. Pero… ¡Sí hay algo que podemos hacer! y es ayudar a potenciar esta habilidad en los niños/as desde edades tempranas.

Aquí, como en la mayoría de los aprendizajes en la infancia, entra en juego el papel de la familia. Dicho valor se ha de transmitir a partir de las personas de referencia que actúan como modelo de los niños/as, de quienes van a imitar la conducta: papás, mamás... De manera que vamos a poner en práctica la empatía en la vida y eduquemos niños/as que lleguen a convertirse en adultos respetuosos, comprensivos y empáticos con la sociedad.

Ingredientes necesarios para el cultivo de la empatía:

  1. Escucha activa: pon atención a aquello que tus hijos/as tengan que decirte sin pensar en qué respuesta has de darle. No siempre necesitan una respuesta, sino ser escuchados.
  2. Emociones validadas. Si se sienten mal por alguna situación que parece banal, valida su emoción, comprendiendo que se sienta como lo hace. Lo que quizás no te parece importante, para ellos/as sí lo es.
  3. Identifica la emoción. Ayúdale a poner nombre a las emociones, para ello puedes hacer uso de cuentos adaptados a su edad.
  4. Cooperación en casa. Si ofrecemos pequeñas responsabilidades en casa como “ayudar a recoger la mesa”, llegará un día que posiblemente ofrezca ayuda sin necesidad de pedirla.
  5. Juega, imagina, crea, educa. Utiliza juegos para poneros en “los zapatos de otra persona” fomentando la imaginación. Por ejemplo: piensa que eres ese personaje de la película animada o cuento…Utiliza preguntas para conocer cómo cree que se sentirá, cómo cree que le podría ayudar…
  6. Dar ejemplo. ¡Muy importante! Toda conducta que lleves a cabo como padre o madre podrá ser imitada.

No olvides, que no es tarea fácil poner en práctica todo aquello que queremos enseñar a los niños/as. Todos somos seres únicos e individuales, con distintas formas de aprender. Así, si consideras que tu hijo/a necesita un apoyo externo en el desarrollo de habilidades sociales y emocionales, no dudes en contactar con nosotros y hallaremos el modo de ayudaros en el proceso de una manera profesional y personalizada.

Psicóloga Nerea Amorós

Psicóloga
Infantil y adolescentes

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